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A partir de 2001 la política fiscal chilena se ha basado en el concepto de balance estructural del Gobierno Central, que muestra la situación del Fisco en una perspectiva de mediano plazo, en vez de su situación coyuntural, que es la que da cuenta de su balance efectivo.
En términos simples, la Política de Balance Estructural implica estimar los ingresos fiscales que se obtendrían de manera aislada del ciclo económico y, consecuentemente, autorizar un gasto público coherente con dichos ingresos.
En la práctica, esto se traduce en ahorros en tiempos de bonanza cuando se reciben ingresos que se sabe son sólo transitorios, justamente para poder gastarlos cuando se enfrentan coyunturas que hacen caer los ingresos o aumentan las necesidades de gasto.
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